Presa de Rincón y Cerro Fula
Presa de Rincón y Cerro Fula: Crónica entre el Gigante de Concreto y el Santuario de los Vientos
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| La presa de rincón |
Hay lugares donde el silencio cuenta más historias que el ruido. En mi reciente expedición hacia los límites que dividen La Vega de Bonao, me encontré con un escenario atípico: el rugido del agua había sido sustituido por un desierto de piedras. Esta es la crónica de un viaje al corazón de la Presa de Rincón y el ascenso místico al Cerro Fula.
El Gigante al Desnudo: La Presa de Rincón
Nuestra aventura comenzó con una imagen impactante: un badén totalmente seco. Lo que usualmente es una inundación de vida y corriente, hoy es un camino de polvo debido a los trabajos de mantenimiento. Pero no se dejen engañar; este "dique" o contra-embalse es apenas el preludio de una de las obras más importantes de nuestra nación.
Construida con una inversión de 24.3 millones de dólares entre 1975 y 1978, la Presa de Rincón se levanta con una altura de 54 metros. Al caminar por sus alrededores con el nivel del agua bajo, la presa revela sus secretos: pequeñas embarcaciones que parecen barcos fantasma emergiendo del fondo y una estructura que, aunque imponente, se siente vulnerable ante la falta de lluvias.
¿Por qué es protagonista esta presa?
Sustento vital: Es la fuente primaria de agua para San Francisco de Macorís, Salcedo, Fantino y Rincón.
Energía y Tierra: Sus aguas no solo generan electricidad, sino que son la sangre que irriga los arrozales que alimentan a más de 300,000 dominicanos.
Humedal Artificial: Más allá del concreto, funciona como un regulador térmico para la capa freática de la zona.
Es una lástima que, a pesar de su importancia, la basura aún intente robarle protagonismo y que la burocracia limite a veces el derecho del ciudadano a conocer lo que sus propios impuestos han construido.
El Guardián del Silencio: Cerro Fula y el Legado de Fantino
Dejando atrás la ingeniería, el camino nos llevó hacia las alturas del Cerro Fula. Aquí, el aire cambia. Se dice que el Padre Fantino, apóstol y filántropo, buscaba estos cerros no solo por la paz, sino por las propiedades curativas de su aire puro para sus pulmones.
El ascenso está marcado por un Vía Crucis de cruces numeradas que custodian las casas y el sendero. Al llegar a la pequeña capilla, se siente esa energía mística que alimenta los mitos locales: historias de un hombre que podía estar en dos lugares a la vez, siempre cabalgando en su sotana, velando por el bienestar del prójimo y el medio ambiente.
El Cerro Fula no es solo un punto en el mapa; es un mirador donde el murmullo del río Jima se escucha a lo lejos y donde el tiempo parece detenerse antes de que las nubes cumulonimbos anuncien la próxima tormenta.
Reflexión de Camino al Futuro
Este recorrido me deja una enseñanza clara: en República Dominicana no nos falta agua, nos sobra ineficiencia en su distribución. Las presas son necesarias, son productivas y son, en esencia, nuestros seguros de vida para el futuro.
Mi sitio ahora evoluciona para llevarles estas historias con más profundidad. El patrimonio natural y técnico de nuestro país merece ser contado con respeto y curiosidad.
¿Has sentido alguna vez la paz que se respira en el Cerro Fula o la imponencia de estar frente al muro de Rincón? Cuéntame tu experiencia en los comentarios.



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