Y aquí es donde el corazón se me hizo un puño. Nos dirigimos a un lugar que, según parece, el Ministerio de Cultura y otras autoridades han borrado de su mapa mental: las Ruinas de La Concepción. Llegué lleno de expectativas, de esas que te hacen soñar con conectar con el pasado, pero lo que vi me dejó sin palabras y con un nudo en la garganta.
Esto, mis amigos, es donde uno se pregunta a dónde van los presupuestos destinados a la cultura. ¡Es para dar coraje! Ir con la ilusión de aprender y encontrarse con un desastre, un abandono que clama al cielo. Estas ruinas son cruciales para la historia dominicana, ¡muy importantes!
Miren esto: llegamos a lo que fue una boletería, y la única "tarja" de información es una pequeña placa de reconocimiento a quien, en algún momento, se preocupó por esto. ¿Un Parque Nacional Histórico de La Vega? ¿Saben lo que eso significa? Y, sin embargo, está siendo invadido, con banderas de la presidencia y cultura que parecen haber sido olvidadas por el tiempo. Aquí pisó el mismísimo Colón, el mismo que luego traería la desgracia a nuestros ancestros.
El pequeño museo, haciendo "pantalla" porque no se puede entrar. Un letrero con indicaciones de hace 70 años... Las Ruinas de La Vega Vieja, o Pueblo Viejo, son un escenario tétrico de abandono. Apenas dos letreros dan señales de que alguna vez hubo vida aquí. Quizás no sea de suma importancia para otras naciones, pero para la República Dominicana, ¡es vital! Deberíamos tener un espacio, aunque sea con letreros que narren la historia de cada piedra, de cada derrumbe. Lo que vemos aquí no es solo desgaste, es un crimen contra nuestra patria. Lo que los religiosos llaman hoy la "evangelización de La Española", para mí, es una herida abierta.
Mientras tomaba estas imágenes, un personaje apareció, diciendo que "no se puede volar dron y que hay que pedir permiso". ¡Imagínense! Si el objetivo es preservar, ¿no sería mejor facilitar la documentación para aquellos que queremos mostrar al mundo la riqueza de nuestro patrimonio? Le di sus cien pesos, quizás para calmar el hambre, pero no la indignación.
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