El Crimen del que Nadie Quiere Hablar (Pez Loro)



Pez Loro: El Crimen del que Nadie Quiere Hablar


La imagen que acompaña estas líneas no es solo una fotografía de pesca ilegal; es la autopsia de nuestro futuro. Esos colores vibrantes que ven ahí, ahora apagados en una cubeta de plástico, representan el motor de nuestros arrecifes. Mientras el país habla de récords turísticos y progreso, en nuestras costas se está ejecutando, a diestra y siniestra, al trabajador más importante de nuestra isla. El pez loro no es una mercancía para el plato; es el arquitecto incansable que fabrica la arena blanca que tanto presumimos ante el mundo.

El pez loro en una cubeta de plástico



El Cimiento de la Nación

Proteger nuestros recursos naturales no es un pasatiempo de ambientalistas; es un acto de patriotismo puro y duro. Como bien entendía George Washington, una nación no se construye solamente con discursos o edificios, se construye respetando sus cimientos y la integridad de su suelo. Washington sabía que el verdadero poder y la libertad de un pueblo residen en la gestión sabia y sagrada de su tierra.

Nuestra arena blanca, el orgullo de la República Dominicana, es el fruto del trabajo biológico de este pez. Un solo ejemplar puede producir toneladas de arena al año mientras limpia el coral de las algas que lo asfixian. Al permitir su pesca ilegal, estamos permitiendo que dinamiten los cimientos de nuestra soberanía natural. Un país que no protege su patrimonio ecológico es un país en liquidación, una nación que está vendiendo sus cimientos para comer hoy y pasar hambre mañana. Quien pesca un pez loro, o quien lo compra, está traicionando la base misma de la nación y robándole el futuro a las generaciones que vienen.

La Indignación contra el Sistema

Pero la indignación no sirve de nada si se queda en un simple lamento en redes sociales. Aquí es donde debemos aplicar la claridad de Lenin: no podemos ser espectadores pasivos mientras un sistema negligente, y a veces cómplice, permite el saqueo de lo que nos pertenece a todos. El silencio ante la injusticia es la forma más baja de complicidad que existe.

La ley en República Dominicana es clara: el pez loro está en veda. Pero la realidad en nuestros puertos y mercados nos grita otra cosa. Nos dice que la veda es solo una sugerencia que la codicia ignora bajo el amparo de una vigilancia que no llega o que mira hacia otro lado. Si el sistema no es capaz de imponer el orden y proteger el bien común, es el pueblo organizado y consciente el que tiene que imponer la ética con puño de hierro. No estamos pidiendo permiso para defender lo que nos pertenece por derecho natural; estamos exigiendo que se detenga la maquinaria de destrucción que permite que lo ilegal se vuelva costumbre por unos cuantos pesos.

Un Compromiso con la Vida y el Territorio

Como activista, mi pluma y mi voz no se van a cansar de denunciar esto. Hay que entender la mecánica del desastre para poder frenarlo: Sin pez loro, el arrecife muere. Sin arrecife, el mar se traga la costa. Es una cadena de vida que estamos rompiendo por ignorancia o por ambición.

Este es mi llamado directo a todo el que me lee:

• El consumidor tiene la culpa: Si tú compras pez loro, tú eres el autor intelectual de este ecocidio. Sin demanda, no hay pesca.

• Vigilancia de verdad: Necesitamos que las autoridades de Medio Ambiente salgan de los escritorios de la capital y tomen el control real de las costas. No queremos más operativos de un día para la foto; queremos protección permanente.

• Defiende tu casa: Nuestra biodiversidad es la única riqueza real que tenemos en esta isla. No permitas que la subasten al mejor postor mientras nosotros miramos para otro lado.

La naturaleza no perdona el olvido de los pueblos. La veda se respeta por conciencia o por la fuerza de la ley, pero no vamos a permitir que sigan despojándonos de nuestro futuro.

Obal Ureña Sosa

Activista Ambiental y Defensor de la Tierra



Comentarios

Entradas más populares de este blog

El Aguacate de Yásica, La Ruta Secreta del Río de las Posas en Puerto Plata

Una Aventura de Tierra y Agua, Tras el Misterio de Madre Vieja y el Río Azul

Los Saltitos de Ivan Guzman provincia Espaillat